domingo, 3 de julio de 2022

No echo de menos mi trabajo

 


No echo de menos mi trabajo. A veces comento cosas sobre él o me vienen recuerdos pero no lo echo de menos. Tampoco es que me preocupe, me preparé a fondo para asumir el que tenía que dejarlo, aún así un poco sí que me extraña y un poco sí que me pregunto por la razón de ese no-dolor.

Si echo la vista atrás veo cosas bien hechas pero dentro de un orden. No he “dedicado mi vida a la educación”, no, digamos más bien que he trabajado en educación. Mi vida ha estado llena de muchas otras facetas: hijas, marido, amigxs, vida espiritual, compromiso social, político, amor al arte y a la naturaleza…

Si he tenido algún mérito ha sido el de llevar al aula una vida tan llena que me daba permiso para coger la mano a mis alumnxs, y a veces a sus madres o padres, y mostrarles la vida con la humildad que da el saber que ella es la única maestra y los demás somos todxs hermanxs.

No he escrito nada sobre pedagogía, no considero que yo tenga que enseñar a nadie un trabajo en el que simplemente he hecho lo que he podido y lo mejor que he podido. Tampoco he tenido muchas ganas de leer la que escribían otrxs, si alguien me ha convencido he intentado aprender pero he desconfiado de los que venden humo.

No echo de menos mi trabajo. Tal vez llegó un momento en que mi voz ya no tenía los matices oportunos para ser escuchada o entendida. Mis compañerxs fueron teniendo la edad de mis hijas y mi alumnado la de mis nietxs. Ni ha pasado por mi mente el educar a mis colegas ni creo que sea una abuela la que deba educar a los retoños.

No echo de menos mi trabajo. He acabado agotada de la labor docente y no me refiero sólo al trabajo del aula. La sociedad no sabe, ni siquiera sospecha, el esfuerzo que este trabajo requiere. He vivido como siete Leyes de Educación distintas con lo que cada cambio conlleva. He visto como nuestra figura se iba deteriorando socialmente y nuestro prestigio como profesionales se ponía en entredicho al mismo ritmo que crecían las exigencias de tipo burocrático.

En fin, que no lo echo de menos. En plena pandemia, tras 43 años, dije adiós a la escuela, bendiciendo la labor de todxs los que siguen en la tarea y dando la bienvenida a la mejor etapa de mi vida.

 

                                                   Móstoles, 3 de julio del 2022

 

3 comentarios:

  1. Gracias por lo compartido.Y yo sí echo de menos mi encuentros con alumnos y alumnas, sus caritas(los más pequeños)cuando aprendían. Los malos modos de los adolescentes que no se entendían y yo acogía. Lo que no echo de menos es la estructura que ahogaba, estresaba y quitaba las ganas...

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  2. Querida Maribel, qué suerte que nos sirvas de guía en el proceso de ‘reinventarse’ que -nos guste o no- nos ha de llegar a todas. Vivir plenamente lo que toca es la única manera de salir con vida. Gracias por tanto como ofreces.

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    1. Esa última frase me la copio. Me parece una maravillosa rama a la que agarrarse. Vamos a darnos la mano para salir con vida pero además felices. Gracias por tus palabras

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