viernes, 10 de abril de 2020

LA MADRE AFRICANA

 En abril de 2020, confinada en casa, mis dos hijas con Covid, cada una en la suya, y yo sin poder cuidarlas... se me cayeron los palos del sombrajo y el sombrajo se llamaba "Mi experiencia de la maternidad"... y me nació este relato.

                                    LA MADRE AFRICANA

Cuántas veces recuerdo a esa mujer a la que nunca he visto…

Hace unos años, 5 ó 6, una de mis mejores amigas estaba en Senegal investigando para su tesis. Un día la aborda una mujer y le pregunta que si vive en Madrid… y ante la respuesta afirmativa…

“Yo tengo un hijo que está allí, este es su teléfono… cuando vuelvas debes saber que mi hijo es tu hijo”

Cuando volvió a Madrid mi amiga le llamó y le contó que había visto a su madre, al repetirle las palabras de ésta él la miró cariñosamente y la abrazó…

“Entonces, eres mi madre” y madre la ha llamado desde entonces.

Para una mujer europea los hijos, las hijas, son los que pares y ese vínculo no desaparece nunca, ni con la muerte del hijo ni con la de la madre. “Madre no hay más que una” dice la copla.

En África, madre es la que cuida, la que está cerca, la que busca comida para propios y ajenos. La madre africana cuida a los hijos los haya parido o no y, cuando no puede cuidarlos, sabe que otra mujer se va a encargar…

En estos días raros de esta crisis, cuando siento que no sé lo que tengo que hacer para poder cuidar a mis hijas, cuando tanto me duele la distancia tan corta, vuelve una y otra vez a mi memoria esa mujer de la que no sé el nombre, capaz de sacudirse los apegos y nombrar como madre de su hijo a la que sabe que lo tiene cerca, a la que sabe que puede cuidarle… aunque sea de otra tribu, de otra raza, aunque no hable su lengua…

Bendita seas, mujer desconocida, y bendito tu pueblo que es capaz de arrancar de su alma ese afán de que los hijos, las hijas, son nuestras posesiones, son creaciones nuestras.

Quisiera hacer mío ese desprendimiento y buscar ante todo el bien del hijo, de la hija, ese saber depositarlo en brazos de la vida cuando la vida lo arranca de los nuestros… ese confiar en que va a ser cuidado con la misma pasión, la misma entrega y el mismo amor gratuito con que yo voy a cuidar al hijo, a la hija, de la otra.

 

                                                           María Prieto

                        

3 comentarios:

  1. Gracias María, me ha emocionado especialmente este relato, pero también me hace pensar y confiar...
    Un gran abrazo!

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    1. Gracias a ti, Flor. Ojalá aprendamos a vivir la maternidad en tribu. Y si, yo también pienso qué es una cuestión de confianza y estoy viendo ejemplos a mi alrededor que me ayudan a confiar y a alegrarme. Besos

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  2. ¡Vaya relato! Como me he emocionado. Ha sido increíble conocer esta historia. Gracias Maria por compartirla.

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  Nunca pensé hablar contigo ─Creo que querías hablar conmigo… ─Así es. Siéntate, por favor, que esto puede ser largo. ─Pues tú dirás....