domingo, 23 de febrero de 2025

 

Nunca pensé hablar contigo

─Creo que querías hablar conmigo…

─Así es. Siéntate, por favor, que esto puede ser largo.

─Pues tú dirás.

─A ver, no nos engañemos, tú sabes que esto no puede seguir así.

─ ¿Qué es lo que no puede seguir así? ¿Piensas dejarme tirado después de casi setenta años? ─me grita─. Te he sido fiel, he vivido para ti y te he mantenido viva y segura. No entiendo que ahora me vengas con reproches, que intentes tirar por la borda una relación de tantos años que nos ha hecho bien a los dos. Eres una inconsciente si piensas que puedes prescindir de mí.

Siento su ira, me llega a la piel, se funde con ella como si fuera algo pegajoso, pero no puedo dejarme intimidar. Necesito, por el bien de los dos, hacerle entender el cambio que pretendo. No puedo dejarme llevar por el miedo a su cólera. ¡Pues estaría bonito!

─Entiendo tu enfado, si aquí hay una culpable, esa soy yo. Te he dejado llevar la voz cantante, actuar a tu antojo. No he sido un ama responsable y mi dejación nos ha perjudicado a los dos. Yo he bailado al son que tú tocabas y tú te has hecho tan rígido que no me dejas vivir.

─Pues yo te veo viva, luego he cumplido con mi obligación.

─ ¡Eso no me basta! Necesito que aprendas a usar caminos nuevos para que yo pueda vivir de otra manera.

─No comprendo nada de lo que dices. ¿Qué es eso de caminos nuevos?

No puedo discutir con él, argumentar es su terreno. Respiro y me despego de su enfado y de su incomprensión. No puedo perder de vista mi deseo: Tengo que escucharme a mí misma, quiero escucharme a mí misma, voy a escucharme a mí misma. No entro en justificaciones, ¡pues estaría bonito!

─No necesitas comprender nada. Toma nota. No he tomado las riendas hasta ahora y eso te ha permitido llenarte de automatismos. Ante cualquier situación nueva, ante cualquier reto, siempre activas los mismos recursos: la preocupación, el miedo, la incapacidad para seguir… y yo me he comido todos estos años la imagen de persona preocupada, miedosa, incapaz. Pero me he dado cuenta de que yo no soy así, yo puedo ser de muchas maneras si cuento con los colaboradores adecuados.

─He evitado que te pasaran cosas malas.

─Sí, claro, para ti el que yo me preocupe, el que me estanque en una emoción y no sepa salir de ella, el que me dé miedo enfrentarme a nuevos retos; no es una amenaza, no me mata. Eso es para ti y sirve mientras mandaste tú, pero eso se ha terminado.

Respiro hondo para darme fuerza. Veo en su expresión que está desapareciendo la ira y que se va sintiendo inseguro.

─Pues tendrás que explicarme en que va a consistir mi trabajo de ahora en adelante. Si ya no quieres que te cuide advirtiéndote de los peligros…

─Pues claro que quiero que me cuides, pero trabajando bien, olvidando los automatismos, saliendo del continuo estado de alerta al que me tienes sometida. Mueve el culo, hay áreas tuyas que están sin estrenar, tienes que aprender a usarlas en función de lo que yo vaya necesitando. Quiero que me muestres los peligros, pero también las oportunidades; que, ante situaciones nuevas, me ayudes a salir de emociones estancadas, que sepas trabajar para mí y me aportes recursos que me lleven a estados constructivos.

Cada vez me siento más segura. Siento lástima por él, está descolocado, se siente destronado y eso debe doler mucho, pero no puedo ceder, tengo que dejarle las cosas muy claras. Y tampoco pienso darle demasiadas explicaciones. Tan solo que entienda quién manda aquí.

─Tranquilo, nadie va a salir perjudicado con este cambio. Los dos vamos a aprender. Tú, a hacerte flexible y ponerte a mi servicio. Y yo, yo, mientras esté viva continuaré aprendiendo, de todo, entre otras cosas, a ser yo la que manda, a diseñar mi vida, y a no dejarme manipular por nadie, y menos por mi propio cerebro. ¡Pues estaría bonito!

María Prieto               Móstoles, a 21 de febrero de 2025

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  Nunca pensé hablar contigo ─Creo que querías hablar conmigo… ─Así es. Siéntate, por favor, que esto puede ser largo. ─Pues tú dirás....