viernes, 1 de abril de 2022

Y LOS CARLISTAS LLEGARON AL PUEBLO (SEGUNDA PARTE)

 

Y LOS CARLISTAS LLEGARON AL PUEBLO (Segunda parte)

-Vale, venga, deshaced los equipos y poneos mirando todos hacia mí que os quiero ver las caras.

La maestra subraya sus palabras con unos toques de campanilla.

-Y ya sabéis, en el menor tiempo y con el menor ruido… que se pueda, vamos.

Qué tonterías, piensa, pedir que treinta y seis paquetes de hormonas no hagan ruido, habría que disecarlos, pobres… Aparta los cuadernos y se sienta encima del escritorio, su lugar favorito, cuando una mide metro y medio mejor subirse a un alto. Nuevo toque de campanilla, mejor que un grito, no agrede ni a ellos ni a mi garganta.

-Venga, que os tengo que contar dos cosas- murmullo más bien alto- y si nos os calláis no nos va a dar tiempo. Además, seguro que os van a gustar las dos.

-Que vas a hacer huelga mañana.

-Mañana, el jueves y cuando haga falta. Por mí, por vosotras y por vosotros, que todos tenemos derecho a una escuela digna. Pero de eso ya hemos hablado, y si alguien no se ha enterado…

-Que se lo pregunte al compañero.

-O que se informe, que tenemos carteles por todas partes. No, no es eso, lo primero es que os quería felicitar por el trabajo que habéis hecho en los grupos. Ya os he ido comentando durante la exposición los aciertos y los fallos, pero, en general, creo que el trabajo ha sido muy bueno y que os queda una idea bastante clara de la evolución política en el siglo XIX y lo que representó todo esto para España. Y lo segundo…

-Algún cotilleo sobre Isabel II- algunos murmullos y muchas risas- que no nos has contado ni uno y yo he oído…

-Pues busca, busca, que los vas a encontrar tú solito por todas partes. Y luego me dices qué hizo la reina que no hubieran hecho todos sus regios antepasados varones sin merecer ninguna crítica, es más, cosechando alabanzas porque eran hombres y tenían… sus necesidades. Busca y me cuentas.

-Ya estamos… ¿y no nos vas a contar nada?

-Claro que os voy a contar. Os voy a contar algo que sucedió en el pueblo de mis padres durante las guerras carlistas. A mí me lo contaba mi abuela, pero ella no lo había vivido, a ella se lo contaba una señora anciana para la que trabajó cuando tendría vuestra edad.

- ¿Y ya trabajaba?

- Supongo que desde bastante antes. Vosotras, vosotros, también trabajáis ¿no?

-Unos más y otros menos

-Unas más y otros menos, querrás decir; tú, desde luego, bien poco.

-Y… ¿nadie quiere oír mi historia? -la maestra se recoloca sobre el escritorio, trago de agua de la botella, se crea una pausa, un instante mágico durante el que puede agarrar todas y cada una de las miradas… el sueldo de ese día.

El pueblo de mis padres es de Cuenca y en su zona se apoyó a los liberales, ya sabéis, los de la reina. Os podéis imaginar, sin radio, ni tele, tampoco creo que llegasen los periódicos…

-Ni internet- carcajada general, instante de revuelo que ellos mismos sofocan.

-Un momento, pero digo yo que, aunque hubiera periódicos, la gente era analfabeta, no podían enterarse.

-Los dos tenéis razón, no había internet y la gente era analfabeta, estaban a merced de lo que le interesaba al alcalde, al cura y a los cuatro ricos del lugar.

Una mañana llegó una partida de carlistas dispuestos a dar un escarmiento al pueblo. Llamaron al alcalde y le dieron a elegir el castigo. Podía elegir entre una hora a degüello o tres a saqueo.

- ¿Degüello de degollar?

- De cortar el cuello a todo aquel o aquella que encontrasen.

- ¡Qué bestias! Y luego decís que nos vuelven violentos los videojuegos.

- ¿Y qué era lo otro?

- Tres horas a saqueo. Eso es lo que eligió el alcalde. Tocaron las campanas al inicio y los soldados empezaron a entrar en las casas, en los desvanes, en las bodegas, en las despensas, en las cuadras y en los corrales. Supongo que el dinero o los objetos de valor se los llevarían, el resto lo fueron destrozando metódicamente, implacablemente, como si juntos formasen una máquina de destruir. Imaginad a la gente del pueblo, escondida y aterrorizada, viendo como sus animales, sus herramientas, sus muebles, ropas, cacharros… y la comida que guardaban… todo roto, tirado, desperdiciado…

-Por lo menos no los mataron

-Es verdad, y por eso supongo que lo eligió el alcalde. Pasaron las tres horas y volvieron a tocar las campanas. Y los soldados se retiraron, imagino que a otro pueblo.

-Pues vaya historia chunga

-Muy chunga, muy triste y muy injusta. Pero es real, tan real que ha ido pasando de generación en generación. Porque todos podemos entenderla, podemos ponernos en el lugar de esas personas y sentir lo que sentían ¿o no?

Chicas, chicos, vuestros libros de Historia están llenos de guerras, os voy a pedir un pequeño esfuerzo, cada vez que veáis esa palabra escrita, a la vez que estudiáis su nombre, causas, consecuencias, lugares y todo eso, imaginad que suena una campana…

 

 

 

 

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