Y LOS
CARLISTAS LLEGARON AL PUEBLO (Segunda parte)
-Vale, venga, deshaced los
equipos y poneos mirando todos hacia mí que os quiero ver las caras.
La maestra subraya sus palabras
con unos toques de campanilla.
-Y ya sabéis, en el menor tiempo
y con el menor ruido… que se pueda, vamos.
Qué tonterías, piensa, pedir que
treinta y seis paquetes de hormonas no hagan ruido, habría que disecarlos,
pobres… Aparta los cuadernos y se sienta encima del escritorio, su lugar
favorito, cuando una mide metro y medio mejor subirse a un alto. Nuevo toque de
campanilla, mejor que un grito, no agrede ni a ellos ni a mi garganta.
-Venga, que os tengo que contar
dos cosas- murmullo más bien alto- y si nos os calláis no nos va a dar tiempo.
Además, seguro que os van a gustar las dos.
-Que vas a hacer huelga mañana.
-Mañana, el jueves y cuando haga
falta. Por mí, por vosotras y por vosotros, que todos tenemos derecho a una
escuela digna. Pero de eso ya hemos hablado, y si alguien no se ha enterado…
-Que se lo pregunte al compañero.
-O que se informe, que tenemos
carteles por todas partes. No, no es eso, lo primero es que os quería felicitar
por el trabajo que habéis hecho en los grupos. Ya os he ido comentando durante
la exposición los aciertos y los fallos, pero, en general, creo que el trabajo ha
sido muy bueno y que os queda una idea bastante clara de la evolución política
en el siglo XIX y lo que representó todo esto para España. Y lo segundo…
-Algún cotilleo sobre Isabel II-
algunos murmullos y muchas risas- que no nos has contado ni uno y yo he oído…
-Pues busca, busca, que los vas a
encontrar tú solito por todas partes. Y luego me dices qué hizo la reina que no
hubieran hecho todos sus regios antepasados varones sin merecer ninguna
crítica, es más, cosechando alabanzas porque eran hombres y tenían… sus
necesidades. Busca y me cuentas.
-Ya estamos… ¿y no nos vas a
contar nada?
-Claro que os voy a contar. Os
voy a contar algo que sucedió en el pueblo de mis padres durante las guerras
carlistas. A mí me lo contaba mi abuela, pero ella no lo había vivido, a ella
se lo contaba una señora anciana para la que trabajó cuando tendría vuestra
edad.
- ¿Y ya trabajaba?
- Supongo que desde bastante
antes. Vosotras, vosotros, también trabajáis ¿no?
-Unos más y otros menos
-Unas más y otros menos, querrás
decir; tú, desde luego, bien poco.
-Y… ¿nadie quiere oír mi
historia? -la maestra se recoloca sobre el escritorio, trago de agua de la
botella, se crea una pausa, un instante mágico durante el que puede agarrar
todas y cada una de las miradas… el sueldo de ese día.
El pueblo de mis padres es de
Cuenca y en su zona se apoyó a los liberales, ya sabéis, los de la reina. Os
podéis imaginar, sin radio, ni tele, tampoco creo que llegasen los periódicos…
-Ni internet- carcajada general,
instante de revuelo que ellos mismos sofocan.
-Un momento, pero digo yo que,
aunque hubiera periódicos, la gente era analfabeta, no podían enterarse.
-Los dos tenéis razón, no había
internet y la gente era analfabeta, estaban a merced de lo que le interesaba al
alcalde, al cura y a los cuatro ricos del lugar.
Una mañana llegó una partida de
carlistas dispuestos a dar un escarmiento al pueblo. Llamaron al alcalde y le
dieron a elegir el castigo. Podía elegir entre una hora a degüello o tres a
saqueo.
- ¿Degüello de degollar?
- De cortar el cuello a todo
aquel o aquella que encontrasen.
- ¡Qué bestias! Y luego decís que
nos vuelven violentos los videojuegos.
- ¿Y qué era lo otro?
- Tres horas a saqueo. Eso es lo
que eligió el alcalde. Tocaron las campanas al inicio y los soldados empezaron
a entrar en las casas, en los desvanes, en las bodegas, en las despensas, en
las cuadras y en los corrales. Supongo que el dinero o los objetos de valor se
los llevarían, el resto lo fueron destrozando metódicamente, implacablemente,
como si juntos formasen una máquina de destruir. Imaginad a la gente del
pueblo, escondida y aterrorizada, viendo como sus animales, sus herramientas,
sus muebles, ropas, cacharros… y la comida que guardaban… todo roto, tirado,
desperdiciado…
-Por lo menos no los mataron
-Es verdad, y por eso supongo que
lo eligió el alcalde. Pasaron las tres horas y volvieron a tocar las campanas.
Y los soldados se retiraron, imagino que a otro pueblo.
-Pues vaya historia chunga
-Muy chunga, muy triste y muy
injusta. Pero es real, tan real que ha ido pasando de generación en generación.
Porque todos podemos entenderla, podemos ponernos en el lugar de esas personas
y sentir lo que sentían ¿o no?
Chicas, chicos, vuestros libros
de Historia están llenos de guerras, os voy a pedir un pequeño esfuerzo, cada
vez que veáis esa palabra escrita, a la vez que estudiáis su nombre, causas,
consecuencias, lugares y todo eso, imaginad que suena una campana…
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