martes, 19 de mayo de 2020

CUENTO DEL VACÍO

 

                                                                                                                                     19-5-2020

CUENTO DEL VACÍO

Esto era una vez una niña que vivía en un país muy complicado y en una familia bastante complicada… Pero ella eso no podía verlo porque todos a su alrededor la llenaban de todo lo que tenían y creían que era bueno para ella…

Su abuela la llenaba de sentencias, refranes, dichos e historias que eran sus referencias en la vida… Su madre la enseñó a ser una mujer de su casa, a no quejarse, a ser fuerte, a plantar cara a la vida… Su padre la llenó de preceptos y creencias religiosas, la hizo ser responsable y amante del deber… Sus hermanos la hicieron mayor antes de tiempo…

Le buscaron un “buen colegio” y las monjas la llenaron de más de todo lo de antes pero, además, la llenaron del orgullo de ser un ejemplo de niña buena, religiosa y aplicada…

La niña estaba llena, tenía ya una barrigota enorme, pero si un día aparecía un hueco, lo llenaba de historias fantásticas, historias llenas de juguetes, comidas y vestidos, aventuras, viajes… o historias religiosas e imaginaba el cielo y su vida más tarde…

Poco a poco la niña fue creciendo y, como no podía con su barriga, fue eliminando cosas:

Primero eliminó el ser niña y a los diez años regaló sus juguetes a su hermana y decidió que tenía que dedicarse a otros menesteres.

Luego le tocó el turno a las historias fantásticas…eso tampoco le servía de mucho… ¡Vaya una pérdida de tiempo soñar con imposibles!

Poco a poco se fue haciendo mayor y, con más o menos esfuerzo, consiguió sacar de su barriga algunas de las cosas que tanto le pesaban: la imagen de mujer de su abuela y su madre, la obligación de dar ejemplo, la parte más rancia de la religión en que la bautizaron…

Pensaréis que se quedó muy delgadita, pues no, se producía un fenómeno curioso… cuando dejaba un hueco algo entraba a ocupar ese sitio… Y así entraron opciones políticas, sociales, sindicales, la religión vista desde otro lado… el amor, los amores, la pareja, el trabajo, las hijas… y la barriga seguía igual de gorda…

Y la mujer estaba muy cansada, porque arrastrar una barriga cansa mucho… pero estaba cantenta porque se sentía muy llena, muy completa, eficaz, alegre, cumplidora…

Sólo de vez en cuando llegaba la tristeza, cuando la vida no era como ella la quería, o el miedo, o esa otra sensación para la que no encontraba un nombre pero que la impedía ser dichosa… Y siempre acompañada del cansancio… y a la vez del orgullo del trabajo bien hecho.

CUENTO DEL VACÍO-2ªPARTE

Pero siguió pasando el tiempo, aquella mujer seguía cansada, seguía corriendo de un lado a otro… y seguía arrastrando su pesada barriga…

Un día no pudo más y decidió sentarse… y al mirarse al ombligo se dio cuenta de que su bulto ya no era tan grande ¡Habían salido cosas de allí y ella no se había dado cuenta!

Pensó cómo podía ser posible que le pesara lo que ya no estaba…y entonces decidió pedir ayuda… pensó, pensó… y buscó a una partera de emociones.

Juntas fueron haciendo que salieran imágenes antiguas, celos, miedos. Unas veces dolía sacar aquello y salía entre lágrimas. Otras veces se liberaban los pesos entre risas o en medio del asombro… o de la decepción o la ternura…

Al andar más ligera había momentos en los que ella solita podía reconocer algunos pesos y echarlos para afuera.

Y la vida, el tiempo, esas cosas que ocurren, iban colaborando en vaciar su barriga.

Poquito a poco se fue quedando más delgada, iba saliendo tanto… pero lo más asombroso es que no se llenaba de otras cosas, era como si hubiera un filtro muy potente…

Y la otra realidad que le producía asombro es que a menudo se seguía sintiendo igual de cansada que antes, le faltaba el aire y le costaba respirar como cuando arrastraba su tremenda barriga…

La partera le decía que era cansancio antiguo, respira, que ahora puedes, no olvides respirar, tu cansancio son restos del pasado…

 

CUENTO DEL VACÍO – 3ª PARTE

Y, poco a poco, entre llantos, suspiros, alguna risa que otra algunas veces y resoplidos otras, fueron saliendo emociones estancadas, podridas a menudo… relaciones inútiles o directamente perniciosas, fue cambiando el vínculo con su pareja, con sus hijas, con su hermana y con sus cuñados. Intentó volver a ver a amigas de la infancia para elegir quién le aportaba vida…

Y se marchó su padre, y se marchó el trabajo, y vio que sus hijas no la necesitaban… y empezó a cuestionarse sus creencias, las religiosas, las sociales, las sindicales y las políticas, y se dio cuenta de lo difícil que le resultaba entender el mundo…del cambio tan enorme que había dado la vida mientras ella arrastraba su barriga por las calles…

Fue lo más parecido a aquella adolescencia tan lejana, en la que había cambiado tantas cosas. Sólo que ahora… se miró la barriga y ya no estaba, solamente encontró un enorme agujero. Su trabajo había sido sacar cosas pero ya no quería rellenarse de cualquier manera.

Su primera reacción fue la tristeza, lloró bajito y alto, calló a veces y otros días contó que estaba triste, enfermó… la tristeza le dolía en el estómago, en ese lugar en el que ahora no había nada… Si se iba la tristeza venía el miedo: Y ahora… ¿qué va a ser de mí? Después apareció el sentirse vulnerable, la incertidumbre, el no saber hacia donde moverse, cómo sería el mañana… y más tristeza, y más lloros en alto y en bajito… y enfado cuando alguien intentaba reducir a palabras su vacío…

Perdió la piel, se sintió en carne viva, cualquier pequeño estímulo le traía la tristeza y al mirarse al ombligo veía un agujero…

Pero esta historia no puede, no debe, terminar así… de momento, la mujer se sentó a esperar, se cuidó, se miró… y decidió que algún día escribiría otro capítulo, esta vez en primera persona.

 

 

 

 

5 comentarios:

  Nunca pensé hablar contigo ─Creo que querías hablar conmigo… ─Así es. Siéntate, por favor, que esto puede ser largo. ─Pues tú dirás....