domingo, 23 de febrero de 2025

 

La nueva vida

 

No recuerdo los años que llevamos viviendo aquí. Sé que vinimos en otoño, cuando nuestra antigua casa quedó destruida por las lluvias y tuvimos que cambiarnos. Al entrar a esta casa, lo primero que me sorprendió es que no oliera a humedad. La otra absorbía como una esponja cada gota de lluvia y la devolvía con manchas en las paredes, un suelo que no se secaba nunca y niebla en los cristales.

Cuando quise contarle a Alfredo lo que había descubierto, no lo encontré. Recorrí la cocina, llena de luz, el baño con el espejo claro y limpio, sin reflejo alguno, los pasillos, los dormitorios, pero Alfredo no estaba. ¡Ay! me faltaba un cuarto, el grande, con baño y salida al jardín. La puerta no se abría. Cuando intenté forzarla vi aparecer un papel por debajo. No podía creerme lo que estaba leyendo:

«No intentes nunca atravesar esta puerta. Esta es mi zona. No necesito más, sólo saber que no voy a volver a verte. Perteneces a otro mundo y debes volver a él.»

No recuerdo los años que hace de esto. Desde entonces yo habito mi parte de la casa, cómoda, luminosa, bien ventilada. Casi no soy consciente del otro lado de la puerta. Apenas algún retazo de música o algún ruido, muy suaves, de tarde en tarde me recuerdan que también está habitado.

No estoy mal, este silencio que se da casi siempre me ayuda a vivir dentro de mí misma y a hacerme consciente de como pasa el tiempo, de como voy cambiando. Me siento una espiral que ha dado mil vueltas. Cuando me parece que estoy viviendo algo nuevo, veo que no, que eso ya había pasado, en otro momento, en otra vida.

Me pregunto por qué las fresas no saben tanto a fresa, por qué no tienen las flores o las frutas los sabores que yo recuerdo. Por qué no echo de menos el sexo con Alfredo, por qué no echo de menos a Alfredo. Lo vivo todo como amortiguado, como si estuviera rellena de algodón. Ya no me importa la puerta, dejo de mirarla, le doy la espalda y me dedico a disfrutar del lugar en el que vivo. A veces la veo de reojo, pero ya no me causa sensación alguna. Ya no es mi enemiga, se ha convertido en un rasgo más de mi casa nueva.

Entiendo a Alfredo, no es normal convivir con una mujer muerta y no ha querido hacerlo. Yo renuncié a la vida eterna por quedarme a su lado después de que las aguas me arrastraran. En vez de caminar hacia la luz volví hacia aquí, a esta vida de limbo, de algodones, sin degustar la pena ni la gloria.

María Prieto               Móstoles, 10 de noviembre del 2024

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  Nunca pensé hablar contigo ─Creo que querías hablar conmigo… ─Así es. Siéntate, por favor, que esto puede ser largo. ─Pues tú dirás....