viernes, 24 de noviembre de 2023

El barómetro

 

El viento golpeaba las hojas de las palmeras y arrancaba al mar sonidos exagerados, agrandados por la cercanía de los montes pelados que los hacía rebotar de piedra en piedra.

Hacía calor dentro de la furgoneta a pesar de ser noviembre, pero abrir las ventanas era impensable con ese viento que hacía vibrar mi casa rodante. Empecé a pelar un melocotón mientras la radio me contaba las últimas novedades. A cada noticia me iba saliendo una respuesta automática que, al masticarla lentamente al ritmo del melocotón, debía desechar, como la piel y el hueso.

Casi di un salto cuando sonó el teléfono. No es normal que lo haga desde que existe la mensajería. Era mi amigo César.

─ Ave, César, de vacaciones, supongo. ¿Por dónde andas?

─ Ave, María, vacaciones tú, andar por ahí, tú. Yo corrigiendo exámenes aprovechando la fiesta. Quería hacerte una consulta de carácter pedagógico que me vas a contestar desde…

─ El Cabo de Gata, mi alma. ¿Desde cuando la pedagogía interesa en la Facultad de Ciencias Físicas?

─ Desde que un alumno me ha dado una respuesta a un problema que no sé como evaluar. Porque, en sí, la respuesta es correcta, contesta a lo que pregunto, pero… bueno, te cuento…

─ Dudo mucho que yo te sepa contestar.

─ Verás como sí. El problema era: “¿Cómo podría usted averiguar la altura de un edificio utilizando un barómetro?” Y el menda me ha contestado: “Utilizando una cuerda de gran longitud. Se ata el barómetro en un extremo y, subiendo a lo alto del edificio, se deja caer hasta que el barómetro toque el suelo. A continuación, se mide la cuerda usada, esta medida nos dará la altura que buscamos.”

─ Me tomas el pelo, César.

─ No, María, me lo ha puesto en el examen y no puedo decir que esté mal. La respuesta es correcta.

─ Pero la pregunta no. Y esto te va a enseñar que no podemos hacer preguntas que se puedan contestar con una simpleza.

─ Tocado, me lo apunto. ¿Y qué nota le pongo al angelito?

─ Yo al angelito le daría tres cosas: la primera es un vale por una caña. En cualquier bar de Móstoles le reirían el chiste. Porque en los bares de este pueblo no preocupa la calidad de lo que se enseña en las universidades que pagamos todxs. Hace más gracia lo chusco, lo castizo. La segunda, una buena charla contra las respuestas simples, esa mejor en grupo y así vacunas al resto. Las respuestas facilitas hacen mucho daño, ponles ejemplos que en la tele hay muchos. Me nombras un problema, te contesto con un chiste, con un desfile, con una cara bonita, con la primera ocurrencia que se me venga a la cabeza…

─ ¿Y la tercera?

─ La tercera es la nota que tú creas conveniente ponerle al pavo. Te dejo, César, que me voy a conectar a una clase online. Lo que es de pensar, no pienso jubilarme.

        María Prieto                       Isleta del Moro 1/11/23

 

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