El viento golpeaba las hojas de
las palmeras y arrancaba al mar sonidos exagerados, agrandados por la cercanía
de los montes pelados que los hacía rebotar de piedra en piedra.
Hacía calor dentro de la
furgoneta a pesar de ser noviembre, pero abrir las ventanas era impensable con
ese viento que hacía vibrar mi casa rodante. Empecé a pelar un melocotón
mientras la radio me contaba las últimas novedades. A cada noticia me iba saliendo
una respuesta automática que, al masticarla lentamente al ritmo del melocotón,
debía desechar, como la piel y el hueso.
Casi di un salto cuando sonó el
teléfono. No es normal que lo haga desde que existe la mensajería. Era mi amigo
César.
─ Ave, César, de vacaciones,
supongo. ¿Por dónde andas?
─ Ave, María, vacaciones tú,
andar por ahí, tú. Yo corrigiendo exámenes aprovechando la fiesta. Quería
hacerte una consulta de carácter pedagógico que me vas a contestar desde…
─ El Cabo de Gata, mi alma. ¿Desde
cuando la pedagogía interesa en la Facultad de Ciencias Físicas?
─ Desde que un alumno me ha dado
una respuesta a un problema que no sé como evaluar. Porque, en sí, la respuesta
es correcta, contesta a lo que pregunto, pero… bueno, te cuento…
─ Dudo mucho que yo te sepa
contestar.
─ Verás como sí. El problema era:
“¿Cómo podría usted averiguar la altura de un edificio utilizando un
barómetro?” Y el menda me ha contestado: “Utilizando una cuerda de gran
longitud. Se ata el barómetro en un extremo y, subiendo a lo alto del edificio,
se deja caer hasta que el barómetro toque el suelo. A continuación, se mide la
cuerda usada, esta medida nos dará la altura que buscamos.”
─ Me tomas el pelo, César.
─ No, María, me lo ha puesto en
el examen y no puedo decir que esté mal. La respuesta es correcta.
─ Pero la pregunta no. Y esto te
va a enseñar que no podemos hacer preguntas que se puedan contestar con una
simpleza.
─ Tocado, me lo apunto. ¿Y qué
nota le pongo al angelito?
─ Yo al angelito le daría tres
cosas: la primera es un vale por una caña. En cualquier bar de Móstoles le
reirían el chiste. Porque en los bares de este pueblo no preocupa la calidad de
lo que se enseña en las universidades que pagamos todxs. Hace más gracia lo
chusco, lo castizo. La segunda, una buena charla contra las respuestas simples,
esa mejor en grupo y así vacunas al resto. Las respuestas facilitas hacen mucho
daño, ponles ejemplos que en la tele hay muchos. Me nombras un problema, te
contesto con un chiste, con un desfile, con una cara bonita, con la primera
ocurrencia que se me venga a la cabeza…
─ ¿Y la tercera?
─ La tercera es la nota que tú
creas conveniente ponerle al pavo. Te dejo, César, que me voy a conectar a una
clase online. Lo que es de pensar, no pienso jubilarme.
María
Prieto Isleta del
Moro 1/11/23
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