El adiós
Dios mío, ¿qué será Francia?
Dicen que lo que está detrás de esas montañas, les dicen los Pirineos. Pero
¿qué habrá detrás? ¿podré vivir allí? ¿y la Julia? No sé si habrá parido ya, el
séptimo, más dos que se nos murieron. Siete alegrías si las cosas fueran bien,
y los que podrían venir… Alrededor de la mesa, limpios como soles. Cada uno con
su tazón de café con pan migado.
“─Carajo─ dijo el médico un día
que vino ─ parece esto una fonda.”
¿Y cómo traigo yo esa mesa a
Francia? Albañiles hacen falta en todas partes, pero, aunque me apañe y consiga
trabajo… no sé cómo voy a poder arrancarles del pueblo. Y dejarla allí…, no la
dejó viuda la guerra y se va a ver abandonada, con esos seis y lo que venga…
que los podría tapar a los siete con el mandil…
─Espabila, Peñato, me cago en la
leche, que parece que te estés durmiendo. No nos vayan a cerrar el paso y nos
quedemos aquí.
─Regino, ¿será verdad lo que
están diciendo?, eso de que quién no haya matado ni tenga delitos puede volver.
Porque si fuera verdad…
─No me digas que te vas a fiar
ahora de Franco, Manuel el Peñato, eso es mentira.
─ ¿Y si fuera verdad? Porque
después de tres años de guerra van a faltar hombres que trabajen. Tampoco van a
matar a toda España.
─Ya está la mitad muerta. Y yo no
voy a estar cuando estos empiecen a celebrar que han ganado. Me voy, Manuel, y
mira como está la carretera, llena de los que piensan como yo.
─Regino, yo me vuelvo, yo no he
hecho nada malo. Quiero ver como pare la Julia. Celestino, Manuel, Isabel,
Abel, Caín, Libertad y lo que traiga, ojalá sea otra chica.
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